Cistitis por radiación (cistitis actínica[1])


La radioterapia se usa en muchos tipos de cáncer para reducir el tamaño de un tumor que se va a eliminar por cirugía, o se administra después de la cirugía para prevenir la recurrencia del cáncer.

Meses o años después de la radiación pueden presentarse complicaciones tardías. Estas lesiones aparecen en los lugares irradiados. La radiación incapacita a las células a dividirse, es decir, desde una célula original ya no se forman células hijas. Cuando la división celular no ocurre quedan pocas células, porque las envejecidas de a poco se mueren y no aparecen nuevas. Esta condición se llama  hipocelularidad (pocas células). En el rango de sensibilidad a la radiación de las células no tumorales el primer lugar lo ocupan los fibroblastos, las células que producen colágeno, la proteína básica del soporte estructural. El segundo puesto lo tienen las células endoteliales, la capa interior de los vasos sanguíneos. Cuando estas células disminuyen en cantidad, quedan pocos vasos sanguíneos, entre un 20 y un 40% de la cantidad normal. Entonces, la circulación y el suministro de oxígeno se tornan insuficientes, y aparece la hipoxia (poco oxígeno). Al conjunto de esos efectos se lo llama “las tres h”: hipocelularidad, hipovascularidad e hipoxia. El tejido en ese estado muere con relativa facilidad, y es lo que se llama radionecrosis.

Cistitis es una inflamación de vejiga urinaria. La cistitis como una complicación de la radioterapia puede aparecer en un lapso de 6 meses a 20 años después de la irradiación de un cáncer de próstata o de la esfera ginecológica, y según las estadísticas ocurre ente un 2 y un 8% de los pacientes. El revestimiento de la vejiga presenta múltiples lesiones debido al efecto de “las tres H”. Se exponen los capilares y aparece el sangrado. El paciente con cistitis por radiación sufre de micción frecuente con urgencia, incontinencia urinaria y hematuria (sangre en la orina de diferente dimensión). Es una condición que no se cura por sí misma. Se han descrito múltiples tratamientos con resultados variables, tales como la coagulación endoscópica de los puntos sangrantes con diversos métodos de hemostasia, e incluso medidas extremas como ligadura o embolización de los vasos hipogástricos, o finalmente la cistectomía. Todos estos procedimientos tienen su propia morbilidad y los resultados son en general frustrantes o transitorios.

 El oxígeno hiperbárico (OHB) cura entre el 60% y el 95% de los casos. Hemos tenido varios pacientes con cistitis por radiación y todos se curaron o mejoraron.

Médicos chilenos entre 2002 y 2010 han observado a 25 pacientes con cistitis actínica. Los pacientes recibieron 40 sesiones de OHB en una cámara hiperbárica multiplaza, respirando 90 minutos de oxígeno al 100% a 2,2 atmósferas. Veinte hombres fueron irradiados por cáncer de próstata y uno por cáncer de vejiga. Tres mujeres tenían cáncer de cuello uterino y una cáncer de endometrio. En todos los pacientes habían fracasado los tratamientos conservadores previos y el OHB fue considerado sólo tras fallar otras medidas. Todos los pacientes respondieron al tratamiento con OHB y ninguno ha presentado recidiva después de terminar el tratamiento en un período de seguimiento promedio de 21,2 meses.

Conclusión: El OHB es un tratamiento no-invasivo, altamente eficaz y seguro para el tratamiento de la cistitis actínica secundaria a radioterapia pélvica, por lo que debe considerarse como alternativa de primera elección en estos complejos casos.


[1] Actínica – relativo a la acción química de las radiaciones